MUDANZAS
Amigos, me he mudado a la siguiente dirección. Espero que me visiteis de vez en cuando.
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Toda la información sobre la dirección del viento- Haizeak nondik jotzen jakin nahi baduzu
5 Octubre 2008
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29 Julio 2008
Las últimas semanas me ha tocado la primera guardia de noche y aunque no os lo creáis, le he cogido hasta gusto. Me recuesto sobre unas redes que amontonamos en proa y miro al cielo. Es lo único que hago en cuatro horas de guardia. Aquí, 43 millas mar adentro, lejos de la luz de las ciudades se ven todas las estrellas. A lo mejor todas no, pero casi. Se ven casi todas las estrellas. El patrón sí que las conoce a todas. Las estrellas, me refiero. Dice que podría llegar a puerto sólo mirando el cielo de noche. Será que es verdad, porque a veces cuando subo al puente el patrón me explica que si la osa menor, la mayor, Casiopea, Capricornio, la Cruz del Sur… ¿yo? yo no tengo ni idea. Pero me las invento: trazo líneas imaginarias de dibujos invisibles y me invento mi propio firmamento: que si la vespa, el frigorífico combi, el sacacorchos… Tengo mi propio mapa astral, mi propio firmamento. Lo cierto es que cuando miras al cielo todas las estrellas parecen iguales. Pero no lo son. Si las observas con detenimiento empiezas a advertir pequeñas diferencias. Con el tiempo aprendes a diferenciarlas, te das cuenta que ninguna es igual que otra, que todas son diferentes. Cada una tiene su propio brillo. Las hay grandes y otras más pequeñas, las hay de cinco, seis y hasta trece puntas, las hay rojizas, blancas, plateadas, azuladas, celestes, anaranjadas, plomizas, verdes… incluso hay una que es rosa fucsia, lo juro. Habrá millones en el cielo y ves que cada una tiene su propia luz, que todas brillan de forma diferente y de tanto mirarlas te das cuenta de que para gustos las estrellas. Entre todas yo tengo mi favorita. Las habrá más grandes y más brillantes, pero es mi favorita porque simplemente es especial. Cada vez que miro al cielo sé exactamente donde está. Y no me hacen falta ni mapas del cielo ni telescopios. Es la estrella. Es mi favorita. No preguntéis por qué. Simplemente es mi favorita. El otro día encontré una revista en el comedor, uno de esos suplementos dominicales de los periódicos con las páginas amarillentas y acartonadas en la que aparecía Indurain ganando un Tour de Francia, fíjate si era vieja… La cuestión era que en las páginas finales había un reportaje de unos científicos de no sé qué agencia espacial hablando sobre las vida de las estrellas. Decían que las estrellas nacen, evolucionan y mueren. Mueren, pero aún muertas, podemos ver su luz, por las distancias de años luz y tal… Una estrella puede haberse apagado hace muchos años, pero es ahora cuando vemos su destello. Al leerlo me quedé preocupado, horrorizado ante la idea de que mi estrella pueda haberse apagado… Anoche mientras estaba en el puesto de guardia me quedé un buen rato mirándola y me pareció que brilla más que nunca. Porque las estrellas de verdad aún apagadas siguen brillando, porque no se le va a agotar la luz, porque las estrellas de verdad brillan eternamente…
24 Marzo 2008
Lo que más me impactó de la Capilla Sixtina no eran ni sus colores, ni sus dibujos ni sus trazos. Lo que más me alucinaba que aquello que estaba tan cerca, aquello que podía oler lo había hecho el mismísimo Miguel Ángel con su propio pincel. Cuando viajamos a Normandía, en aquellas playas lo que más me estremecía era pensar en la cantidad de hombres que murieron justamente allí. Aquella soleada playa, de arena blanca e intenso mar azul salpicado de densa espuma, hoy de foto de destino turístico, justo allí miles de hombres dejaron su marca en forma de último aliento. O en Amsterdam en el museo de Van Gogh mirando su “habitación”, en Londres en el British Museum o en Egipto, mirando a las pirámides o en el Sáhara en la cueva de las cien manos… Hace seis mil años alguien pintó sus propias manos para que hoy, yo pueda palpar la misma pared que hace 60 siglos sirvió de lienzo. Para que luego digan que el tiempo corre y que todo pasa. Seis mil años unidos por uan marca.
No me interesa la genialidad, sino el genio, la mano que ha dejado su marca para la eternidad, casi como una donación desinteresada a la ignorancia. He aquí mi obra, mi genialidad y contempladla por los siglos de los siglos. Amén. Lo que me fascina no es estar frente a la obra, sino frente a la marca que hoy la contemplo yo, pero que el día de mañana disfrutarán los hijos de mis hijos.
Tu y yo acabamos mal y dices que me has perdonado, pero sé que te he dejado marcada en forma de cicatriz invisible. Mi marca, por los siglos de los siglos. Amén.
4 Marzo 2008
El otro día pasé por delante de un local de tatuajes y no pude evitar pensar en Manolo. Ahora que ya no está, me acuerdo de él, de todas las cosas que se quedaron sin decir en aquel pequeño camarote- cocina, alumbrado con una única bombilla tenue y amarillenta que con la neblina del humo de tabaco negro daban al habitáculo un aire hasta acogedor.
Me acuerdo la primera vez que entré, me pareció tan pequeño que pensé que aquel sería el camarote del patrón. Y lo solté, así, a lo tonto, ingenuamente. Palmada en la espalda y carcajada socarrona: “¿del patrón? Claro, claro, del patrón y de trece marineros más, así que apresúrate a pillar buen sitio, no vaya a ser que tengas que dormir en el suelo.” En verano cuando zarpábamos normalmente nos reuníamos en popa, hablando, fumando, bebiendo, riendo… era algo así como el campeonato de a bordo de burradas, o para entendernos, a ver quién soltaba el mayor disparate. Normalmente el ranking de temario era ocupado en primer lugar por putas y señoritas de compañía que alegraban la estancia en tierra a la tripulación, políticos en segundo lugar, futbolistas, curas, frailes, monjas y el gremio clerical en general, pescaderos, carniceros, comerciantes, ingenieros, arquitectos…así por resumir, todo el mundo. Así es el marinero, siempre se queja de todo.
Cuando hacía malo nos refugiábamos en la “cocina-camarote” y no sé si era por la bombilla tenue y amarillenta o por la neblina del tabaco, pero lo cierto es que se creaba un ambiente mucho más íntimo. Y ahí surgían otras cosas. Las carcajadas vacías se convertían en sonrisas cómplices, las quejas en ojos húmedos y las intenciones en deseos. Era, en definitiva, más íntimo, si es que el tipo de hombres que convive en un barco tiene de eso.
Había una inscripción escrita en una de las vigas de madera del techo. Rezaba: “Non diligamus verbo nec lingua sed opere et veritate”. Estaba en latín, y como no sabía lo que significaba, nunca pregunté. Pero aquel día, picado por la curiosidad o quizá sugestionado por aquel ambiente tan de nosotros, me aventuré.
- Manolo, ¿Qué significa?
- Si te lo cuento, nunca lo vas a entender.
- No lo voy a entender si no me lo cuentas.
- Coño y ¿tú has estudiado? Si está claro: Non de no, diligamus de diligar, verbo de lo que se conjuga pasado presente y esas cosas, nec un cantante italiano que le gusta a mi sobrina, lingua la sin hueso…
- Si no me lo quieres decir lo me lo digas pero no me toques los huevos.
- Lo que te pasa a ti es que eres un listillo.
- Por lo menos sé escribir.
- ¿Escribir el qué? ¿el menú que te dicto yo?
- Las cartas de Ismael, por ejemplo.
Debí verlo venir, y debí haberme callado. Una retirada a tiempo es una victoria, a enemigo que huye puente de plata, podéis tirar de tópico y refranero, que a mí el orgullo me pierde, salto a la mínima. Siempre tengo que ganar, no sé aceptar una derrota. No sé decir, “sí señor, me ha metido un gol” agachar las orejas y decir enhorabuena. Cuando pierdo sale el mal perder y hay que decir algo, porque cuando te callas parece que eres un blando, que te achantas, y si ladras crees que aún puedes ganar. Pero no. Cuando pierdes, has perdido y se acabó. Pero yo no lo acepté y salté a la yugular, a cuchillo, a dar, a hacer daño. Así soy yo…
- ¿qué pasa con las cartas de Ismael?
Manolo ya me miraba con la misma cara que miraba al chuletón de kilo después de la vigilia. Me podía haber matado allí mismo y tirarme al mar, que no se hubiera enterado ni Dios. Pero no me arrugué, sino que me ensañé en su dolor.
- Que yo sé escribir cartas de amor. No la mierda esa que le dictabas. Que esas cartas eran para partirse la caja, seguro que la chica cuando lo leyó se descojono del pobre Ismael. Y mira como acabó.
- Tú sabes juntar cuatro palabras bonitas, metáforas y hostias de esas. Pero tú no tienes ni puta idea.
- Te equivocas y lo sabes. Sabes que soy mejor que tú.
- Quizá, pero Ismael escribía porque quería. Y tú escribes para que te quieran. Que es bien distinto. No tienes ni puta idea de lo que estás hablando.
- Ya estás con la filosofía barata de taberna de puerto.
- No améis con palabras y lengua, sino con obras y verdad. Eso es lo que significa la frase. Ahora ya lo sabes. Pero no sabes lo que significa.
. Me pasé seis días sin hablarle.Me había jodido. Y bien. Al séptimo día, estaba sentado en la popa, miraba a las nubes nacaradas sobre el sol que se ponía sobre el agua. Manolo se acercó y puso su mano sobre mi hombro. Me ofreció una manzana, aunque sabía que yo no como fruta.
- ¿hay hambre?
Algún día me lo tatuaré. Para que no se me olvide.
16 Enero 2008
Es el viento. Este viento sur que nos está alterando. Yo me dejé mi lado masculino en madriz pro culpa del viento, es por eso que esta semana estoy tontorrón. Laszo también está tontorrón y no ha estado en madriz este finde. asi que no es por culpa de la Real. Sí, definitivamente es el viento.
Me voy a poner en plan abuelo cebolleta y os voy a contar una historia. Croquetamente la historia de esta foto que saqué hace ya un tiempo en lajanos mares azotados por estos mismos vientos (Boh, me he lucío)
Ya había notado yo que el paquebote se movía mucho. que si pa arriba, que si pa abajo, que si caían cosas de los armarios. Y las náuseas. Fue el síntoma definitivo. Mareos. Y eso que yo nunca me mareo. Fui al puente y nada más abrir la puertecilla vi que no existía horizonte. Venía una ola que parecía el puto everest en pleno deshielo. Ay mi madre, la vamos a diñar. Dios!!!vamos a morir!!!y yo todavía vírgen!!!! (ya os he dicho que pro aquel entonces era muy joven, al tema le pusimos solución en el siguiente puerto, que yo no quería hacerme a la mar otra vez con esa carencia. me costó 5000 de las antiguas pesetas ero bueno...era joven y necesitaba el dinero) que os estaba contando...ah! la ola. Uf, madre de Dios, que peazo de ola. y allí venía. Iba a estrellarse contra nosotros. y yo acojonado. Nos va a dar. Nos va a dar. Ahí viene, ahí viene. y de pronto el barco subió el morro y vi las nubes, que volaban rápidas, un cacho de cielo que me imagine era el hueco que había abierto Dios para llevarme con él, y de pronto la proa del barcó bajó y vi otra vez mar, el fondo del mar, txipirones, bacalaos, el atlántida y la hostia que nos parió. Y el barco se enderezó. Vomité. Venía otra ola y lo mismo: nubes, cielo, atlántida, vómito y mecagoenlaputas. Total, que sobrevivimos. Cuando hicimos lo mismo al menos durante 2456 veces, y ya me acostumbré me di cuenta de que sólo era viento lo que soplaba y ya no me quedaba bilis por vomitar. Así que...¿por qué preocuparse? Era culpa del viento, yo no podía hacer nada, no podía ponerle solución. así que ná, me bebí un buen kiwisky y me fui a dormir. Al día siguiente ya no había olas. Bueno, haberlas habías o haylas, pero a mí me daba igual. Sólo pensaba en llegar a puerto y echar un... perdón, quería decir abrazar a los que quiero.
mañana si eso os cuento un nuevo capítulo en madriz, pero hoy paso, que hace mucho viento y sigo tontorrón.

8 Enero 2008
¿Qué tiene la noche que es tan mágica? Hay noches tan cortas como un suspiro, templadas con el sabor de tu aliento, consumidas entre besos y caricias bajo un cielo estrellado. Parecen tan cortas, deseas que duren toda la vida. Noches en las que uno junto al otro mirábamos el tiempo pasar, con el único reloj de las olas, que una tras otra mueren en la playa. No era necesario pronunciar ninguna palabra. No hacía falta decir tonterías como "te quiero" porque esas cosas, en la oscuridad de la noche, se saben. Noches enteras uno al lado del otro, sin decir nada, mirando en el brillo de tu sonrisa cómo las estrellas cruzaban el cielo de un lado a otro. Y veíamos amanecer, cómo salía el sol sobre el mar y subía y subía hasta que empezaba a quemar y a ti se te caían los parpados del sueño. Al amanecer siempre deseaba que llegase la noche otra vez.
Y ¿qué tiene hoy la noche para que sea tan fría? Hoy no es agosto. Es enero, día siete, y a 20 millas al Norte de la costa hace frío, viento, llueve y hay oleaje. Mucho oleaje. Y toca guardia de noche. Y es tan larga la noche. Tan larga que no tiene fin. Las olas que antes morían hastías y desganadas en la arena se han puesto tontas y con todo su odio machacan el casco de nuestro barco. El mar clama venganza porque durante tantas horas miramos cómo las pequeñas olas morían ante nuestros ojos, en nuestras calurosas noches de julio y no hicimos nada para evitarlo. Y ahora claman venganza. Vienen a por nosotros. De las estrellas no me preguntes nada porque no sé dónde están. Un grueso manto de nubes las ha raptado y quizá, con mucha suerte quizá, las pueda ver la semana que viene.
Las guardias de noche tienen estas cosas, que en la magia que envuelve la noche, puedes pensar en muchas cosas. Antes hablaba conmigo mismo, casi para mantenerme despierto y no dormirme. Me formulaba teorías, discursos, retóricas… todo un tratado del populacho de frases lapidarias y filosofía de libro de autoayuda. Y en guardias de noche como hoy, la magia de las noches se ha esfumado y el terror toma forma de agua salada y espuma, de horizontes oscuros iluminados por rayos, atronados por truenos que quiebran las cuadernas de este barco. Esta noche de invierno, bajo la lluvia y contra el viento, sabe Dios que me está costando sudor y esfuerzo mantenerme en pie por el maldito oleaje, y veo al Patrón en el puente que sonríe. Quiero que esta noche pase, quiero ver amanecer, pero aquí fuera, es tan larga la noche. Quiero que pase esta noche y la de mañana y la siguiente y la siguiente de la siguiente y la próxima. Quiero que lleguen esas noches que pasan tan rápido, mirándonos el uno al otro. Por eso, en noches de guardia como hoy, sólo me vale una frase: la vida es cuestión de actitud.
24 Septiembre 2007
Los mismos motores de este barco tienen dos sonidos: el de ida y el de vuelta. Cuando nos alejamos de puerto suenan rápidos, potentes, recorren millas más rápido de lo que quisieramos. Cuando volvemos a casa suenan lentos y pesados, tirando millas tan despacio que el tiempo podría guardarse en los bolsillos. En realidad la velocidad es la misma, los mismos cavallos, la misma distancia. Cuando salimos de puerto, los primeros días parecen que han volado. Echas la vista atrás y parece que han pasado años desde la última vez que nos vimos. Y ahora, de vuelta a puerto, sabiendo que te veré en un par de días, los minutos gotean de un reloj agonizante. Quiero que corra el tiempo, que vuele, que gire tan rápido como un molino en medio de un huracán. Pero van tan despacio que desespero mirando como caen las hojas del calendario, cada hoja como la hoja del árbol que muere en otoño...
He ahí mi teóría de la relatividad.
Nos vemos el 4 de octubre, en Madrid
25 Julio 2007
La secuencia fue la siguiente: “dije: estoy enfadado contigo. Me dijo que le daba igual. Sale el orgullo paleto y dice: muy bien, primero paz y después gloria. Tú por aquí, yo por ahí, y como me vuelvas a dirigir la palabra te reviento a hostias.” Esta secuencia refleja odio. Y yo no odio a esa persona, sino que la aprecio. Guardo muy bonitos recuerdos de ella y de un periodo de mi vida que recuerdo con nostalgia. Yo quería decir: “estoy dolido contigo.” La razón, es anecdótica, da absolutamente igual. Lo que quería es que me preguntase por qué. Y sobre todo, que me pidiese perdón. No por reparar lo sucedido, no para claudicar ante mí, sino porque pedir perdón significa no querer perder a alguien, demostrar que aunque sea mínimamente le importas.
Quería que me pidiese perdón porque quería oírlo de su boca y en su voz. Que la palabra perdón, al pronunciarla dijera: “todavía, de vez en cuando, me acuerdo de ti”. Pero el odio es mecanismo de defensa. Tras el odio escondemos nuestras debilidades, nuestros miedos, defectos y carencias.El odio enmascara lo que más teme el humano: desnudar los sentimientos. Es más fácil decir que estás enfadado con alguien. No hay que dar explicaciones, no tienes por qué justificar el mal humor. Bajo la muralla del odio, se pueden guarnecer nuestras miserias. Por eso, el dolor se esconde detrás del odio. El odio es irracional, no entiende de argumentos. Pim, pam fuera, odio a sangre y fuego. El dolor significa sentimiento, heridas de cicatrización lenta y cuidados intensivos. Betadine, tiritas y termalgin.
Cuando ocurrió me sentí vacío. Pensé: podría haberla insultado. Llamarla asquerosa hijadeputa, por ejemplo. Pero suficientemente mal me siento ya con sólo haberlo pensado. Ahora me siento mal y por eso escribo.
Que sirva como disculpa de alguien a quien todavía le importas.
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